23 de marzo de 2015

¿Por qué somos así? 24.02.15

Lectura del santo evangelio según san Mateo (6,7-15): En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Cuando recen, no usen muchas palabras, como los gentiles, que se imaginan que por hablar mucho les harán caso. No sean como ellos, pues su Padre sabe lo que les hace falta antes de que lo pidan. Ustedes recen así: "Padre nuestro del cielo, santificado sea tu nombre, venga tu reino, hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo, danos hoy el pan nuestro de cada día, perdónanos nuestras ofensas, pues nosotros hemos perdonado a los que nos han ofendido, no nos dejes caer en la tentación, sino líbranos del Maligno." Porque si perdonan a los demás sus culpas, también su Padre del cielo los perdonará a ustedes. Pero si no perdonan a los demás, tampoco su Padre perdonará sus culpas.» Reflexión: Acostumbro todas las mañanas llevar a mi hermana a su trabajo antes de irme al mío, de camino muy poco hablamos, generalmente pongo la radio para escuchar las noticias o música y solo vamos calladas escuchando lo que dice la radio o cada una envuelta en sus propios pensamientos, hoy una amiga me pidió que le diera la cola y se montó en el carro saludándonos con los buenos días y respondimos y luego vino un silencio que se mantuvo durante casi todo el trayecto, solo cruce con mi hermana y amiga algunas palabras para decirles cosas puntuales. Al dejar a mi hermana en su trabajo ella se despidió y mi amiga se cambió al puesto de copiloto e inmediatamente dijo: “¿Por qué ustedes son así?”, le respondí: “¿Así cómo?, bueno que no hablan y se mantienen en silencio”, le respondí: “La verdad siempre somos así, creo que cada una anda pendiente de sus pensamientos y de sus cosas y no se preocupa porque la otra no hable, además si la otra no quiere hablar, no se le puede obligar”. Fue una respuesta de salida rápida para una pregunta complicada, ciertamente no está bien lo que hacemos mi hermana y yo, es cuestión de que no nos habíamos dado cuenta hasta que un tercero se montó en el carro y se dio cuenta. ¿A dónde quiero llegar con este cuento?, voy a eso a continuación, si en nuestras relaciones humanas existen esas carencias de comunicación, ¿No nos estará pasando también esto con Dios?, en estos días en una actividad de la Iglesia me preguntaron, ¿Te comunicas con Dios?, ¿Cuándo te habla tú le correspondes?, sinceramente analizando, mi respuesta es NO. Es irónico pensé si todos los días me levanto temprano para leer su Palabra y hacer las reflexiones, ¿cómo voy a tener esa respuesta?, pues si es la verdad, creo que he estado actuando como los gentiles usando muchas palabras para dirigirme a Dios, y me he olvidado de orar con sencillez de corazón, hay un cuento de un campesino que me gusta mucho que quisiera compartirles para ilustrar lo que es orar con sencillez, dice así: Había una vez un campesino que todos los días se detenía en la iglesia antes de ir a sus labores y frente al santísimo recitaba varias veces el abecedario, el sacerdote del templo que lo observaba desde hacía una semana, un día se acerca y le pregunta: ¿Qué haces?, ¿Por qué recitas el abecedario delante del Señor?, el campesino respondió: “Padre, yo no sé cómo orar pero creo que si le recito el abecedario al Señor, Él podrá así armar la oración que él prefiera de mí”. Que humildad y sencillez la de aquel hombre al orar, eso es lo que nos pide hoy el Evangelio, y podemos interpelarnos con la pregunta que me hizo mi amiga esta mañana: ¿Por qué son así?, ¿Por qué somos tan ingratos que guardamos tanto silencio delante de Dios, que es nuestro Padre?, ¿Por qué no contarle lo que nos pasa como si estuviésemos hablando con nuestro mejor amigo?, ¿Por qué no contarle tus miedos, preocupaciones, angustias?, ¿Por qué no compartirle tu día a día, tus alegrías, tus logros?, no será que nos estamos llenando de ruidos y no dejamos espacio para conversar con Él, y si nos comunicamos con Él, ¿Realmente estamos siendo lo más sinceros y sencillos posible cuando hablamos?. Jesús nos enseña como orar de manera sencilla al Padre, llamándolo Padre Nuestro, si conociéramos la riqueza que tiene esta oración no la recitaríamos a la carrera como muchas veces lo hacemos, veamos que nos dice en cada frase: "Padre nuestro del cielo: Él es nuestro Padre y nos conoce no temas acercarte a contarle lo que te pasa. Dios es un Padre Misericordioso y amoroso. Santificado sea tu nombre: Alaba y reconoce la grandeza de su nombre y las maravillas que ha hecho, porque Él es el Todopoderoso y su nombre es santo. Venga tu reino: Ven Señor, a mí corazón, a mí familia, a mi trabajo, a mi lugar de estudio, de recreación, ven a nuestras vidas Señor y muéstranos tu Reino de amor. Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo: Que pueda aceptar lo que está ocurriendo en mi vida en este momento y que pueda decir como Jesús, que se haga tu voluntad y no la mía. Danos hoy el pan nuestro de cada día: Dame lo que necesito, tú conoces mis necesidades, que no me falte no sea que robe pero tampoco que me sobre, no sea que mi corazón se llene de grandeza y vanidad. Perdónanos nuestras ofensas, pues nosotros hemos perdonado a los que nos han ofendido: Ayúdame y dame un corazón misericordioso como el tuyo para que pueda reconocer que mis hermanos son igual de débiles que yo y pueden equivocarse. No nos dejes caer en la tentación: Ante las pruebas y las tentaciones danos la fuerza para no ceder y dejarnos cautivar por ellas. sino líbranos del Maligno: Guarda nuestras entradas y salidas, protégenos de los que nos quieren hacer daño. Feliz día, No seas silencioso ante Dios, háblale, que espera escucharte.

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