28 de enero de 2011

Vino ¿bueno? o ¿corriente?

Ya estaba decidido, sería un vino lo que haríamos, ¡al fin estábamos de acuerdo! Fue así como comenzaron los preparativos para su elaboración.
Se escuchaban interrogantes  ¿De que fruta sería? ¿Cómo lo haremos? ¿Cuánto tiempo tardaremos? Pasaron los días y cada una de estas interrogantes conseguía su respuesta, ¡Será de mango! ¡Lo haremos por fermentación! ¡Tardaremos 3 semanas! Y fue entonces como llegamos a la última semana, al día de la prueba ¿Qué sabor tendrá el vino? Fuimos los primeros en probarlo, ¡Sabe rico! ¡Que bien nos quedo! Valió la pena nuestro esfuerzo, estos fueron nuestros primeros comentarios, luego fue probado por otras personas y salieron a relucir frases como: ¡felicitaciones!, muchachos han hecho un buen trabajo.

            Todo este asunto del vino trajo a mi mente aquel primer milagro de Jesús, donde en las Bodas de caná transformo el agua en vino. Y pensé como Jesús va transformando nuestras vidas, ¿Cómo convertirá nuestras vidas en ese vino?, me pregunté. Al igual que como lo hicimos nosotros, se preguntará ¿Qué fruto usaré? ¿Cómo lo haré? ¿Cuánto tiempo tardaré?, si pues, es evidente que tiene que hacerse esas preguntas afirmé.

            Entonces comienza seleccionando en nuestra vida aquel fruto bueno que hay en cada uno de nosotros, nuestras virtudes, luego comienza la fermentación y esa pulpa comienza a transformarse, puede que pase por situaciones difíciles y problemas grandes y pequeños que de alguna u otra forma dan un cambio a nuestra vida, solo que nosotros somos quienes decidimos si estos cambios nos ayudan a crecer o no, y así pasa el tiempo y cada día que pasa nos acercamos más a ser un vino. Y finalmente llega la pregunta ¿Qué sabor tendrá el vino? Es allí donde la mayoría de nosotros quedamos en el aparato, pues nuestro vino no le sabe rico a nadie ni siquiera a nosotros mismos, y es que aun con todos los cuidados que ha tenido Dios con nuestras vidas, nos empeñamos en malgastarlas en cosas que no nos llenan, en cosas que nos dañan, sucede entonces como el vino que es echado en cueros viejos, los cueros se revientan y el vino se pierde.
Nos olvidamos con que objetivo y por quién fuimos creados, olvidamos que fuimos creados para dar alegría. Alegría para el corazón, gozo y contento, eso es el vino bebido a su tiempo y con cuidado; más vivimos sin detenernos ni un instante, sin darnos cuenta de nuestros errores y mucho menos de a quién dañamos con ellos y así el vino en vez de dar vida al hombre más bien la disminuye. Al final de la prueba ¿Somos realmente un buen vino? ¿Un vino que valga la pena degustar?
Es hora de detenernos y dejar que Jesús sea quién comience a transformar ese vino que son nuestras vidas, para que así pueda escucharse entonces ¡Buen trabajo muchacho (a)!, escuchar decir: “Todo el  mundo sirve primero el mejor vino, y cuando los invitados ya han bebido bastante, entonces se sirve el vino corriente. Pero tú has guardado el mejor vino hasta ahora”. Jn 2,10.

No seas un vino corriente, al que nadie quiere saborear, al contrario sé ese vino que se guarda hasta el final, ese vino bueno que da alegría y que llena de esperanza el corazón, que da vida al hombre, sé el vino que Jesús transformó en las Bodas de Caná.


By: Johanna A. Jaimes P. 

22 de enero de 2011

Tú Misión

Fueron una vez los árboles a elegir rey sobre sí, y dijeron al olivo: Reina sobre nosotros. Mas el olivo respondió: ¿He de dejar mi aceite, con el cual en mí se honra a Dios y a los hombres, para ir a ser grande sobre los árboles?  Jueces 9:8,9.

Sabiduría es saber para qué sirves y por qué estás en esta tierra. Conozco personas desesperadas por escalar puestos, y no miden consecuencias para alcanzar sus objetivos. Jamás piensan si tienen talento para realizar el trabajo que ambicionan; lo único que les importa es alcanzar el cargo deseado, sin preguntarse si Dios los ha llamado para ese trabajo. Después se frustran, y frustran a los demás. En el fondo, se saben derrotados, y tratan de disimular la derrota con manifestaciones de autoritarismo.

La parábola de hoy muestra, alegóricamente, la sabiduría del olivo. ¿Ser rey? ¿Para qué? ¿Por qué? ¿Solo porque todo el mundo quiere serlo? No. ¡Déjenme tranquilo en mi misión como olivo! Dios me dio la capacidad de producir aceite, y lo haré bien hecho hasta el fin de mis días.

Una de las bendiciones de vivir en compañerismo diario con Jesús es que te sientes realizado y feliz cumpliendo tu misión. El amor de Jesús llena tu corazón de tal forma que no andas mirando a los lados para ver quién tiene qué o quién llega hasta dónde. Solo miras hacia adelante, y corres en el cumplimiento de tu misión. El resultado es que todos llegan, y las personas que conviven contigo también son felices porque, cuando todas las piezas de un automóvil funcionan a la perfección, el vehículo marcha bien.
Hoy es un día de nuevos desafíos. Tus retos no son los del otro. No quieras hacer el trabajo del otro y descuidar el tuyo.

Detente, piensa y medita. Sé consciente de tu misión, sin importarte si el trabajo de tu vecino es más bonito o más encantador que el tuyo. No te compares con nadie: Dios te hizo único en el mundo. Simplemente, cumple con tu misión y descubre una dimensión de la vida más significativa y fascinante. ¡Ah!, y no te olvides que "Fueron una vez los árboles a elegir rey sobre sí, y dijeron al olivo: Reina sobre nosotros. Mas el olivo respondió: ¿He de dejar mi aceite, con el cual en mí se honra a Dios y a los hombres, para ir a ser grande sobre los árboles?"

Tomado de : Matutina Pr. Alejandro Bullón

14 de enero de 2011

¿Puente o Muro?

Quisiera comenzar esta vez citando un dicho popular que dice: “Cada cabeza es un mundo y cada hueco es un zanjón”  ciertamente; cada uno de nosotros somos seres humanos muy distintos; y es que nuestro Dios; Padre Creador, es un artista en eso de la diversidad, para Él resulta un deleite crear siempre piezas originales y distintas, hago especial énfasis en esta última frase, puesto que eso de ser distintos siempre trae un poco de molestia, ya que no hay una cosa que se nos haga más difícil; que lograr poner de acuerdo a un grupo de personas y mucho menos que se comprendan entre sí; es allí cuando se arma la buena.
Suele suceder que a menudo nos encontramos en medio de estas situaciones donde las posiciones y opiniones diversas están a la orden del día. ¿Qué hacer cuando estas como jamón en el sándwich?  Es decir en el mero centro. Sabiendo que todas las  partes tienen su pedacito de razón en lo que exponen. Creo que una de las primeras cosas que debemos hacer es escuchar con detenimiento y con el corazón, viendo a todos los  puntos; seguidamente situarse en los zapatos de cada  uno; para darte cuenta de lo que sucede de lado y lado y poder comprender y solidarizarte con todos sin hacer juicios y mucho menos situarte 100% en una de las posiciones, es así como entra en juego la actitud del puente y el muro, para ser un poco más clara con esto, defino lo que para mí representa cada una de ellas:

-          Actitud puente: Es aquella persona que busca en todo momento ser mediador y no atizador del fuego, la que genera los cambios que espera ver en los otros sin esperar que sean los demás los que den el primer paso, la que piensa que tal vez el otro necesita saber lo que yo siento y lo que tengo que decirle pero sin necesidad de alzar la voz ni mucho menos herirle, la que antes de emitir un veredicto se pone en los zapatos, tacones, chancletas, botas y alpargatas de los demás porque para ella es importante tanto su posición como la de los demás. La que aparta su egoísmo para darle un espacio a la diversidad del otro.

-          Actitud muro: Es aquella persona que se encierra en su carcaza dura y esconde lo bueno que puede dar por pensar que mostrar este lado lo hará lucir débil, o aquel que se deja vencer por el miedo y no dice las cosas pues para el es imposible llegar a un diálogo sincero sin que ocurra pues una tormenta; sin darse cuenta que en ocasiones el silencio es bueno pero el exceso de el puede resultar asfixiante, o al contrario aquellos que estallan como bomba y cuando logran llegar a la calma han desvastado todo a su paso, la persona que toma esta actitud es aquella donde la diversidad del otro choca y rebota o en algunos casos se quiebra sin remedio.

Pudiéramos pensar que la actitud del puente es la que debemos tener siempre que estemos en medio del sandwich y ¿Que pasaría si no estamos en el medio sino que somos uno de los polos? ¿Qué actitud es la que más nos conviene? ¿Aquella donde le doy un chance al otro o donde lo excluyo totalmente? Pues déjenme decirles que no necesitamos estar como el jamón en el sandwich para adoptar la posición que no solo me beneficie a mí sino que también sea buena para el otro.

Todos podemos ser puente, solo basta dar un doblez a nuestro orgullo y en ese doblez colocar la necesidad o la posición del otro, logrando así ser mediadores y agentes de cambio y no muros inmóviles y egoístas.
By: Johanna A. Jaimes P.

12 de enero de 2011

De una soltera a una casada

Mi intención es poder ayudar en algo pero en cosas del Matrimonio yo no soy precisamente la más diestra; es por eso que hoy quiero hablarte de la vida de alguien que alcanzó su santidad por medio de la paciencia que tuvo durante su tiempo como esposa.
Hoy te quiero hablar de la Patrona de los Imposibles, que es Santa Rita de Casia. Su verdadero nombre era Margarita, pero desde pequeña la llamaron Rita y así se quedó para toda la vida. Su mamá era estéril y Dios le dio el prodigio de tener esta buena hija.
El deseo más grande de su alma era ser religiosa pero sus papás dispusieron que ella debía contraer matrimonio y como era muy obediente así lo hizo. Ella no tuvo la fortuna de elegir a su esposo sino que lo eligieron por ella y realmente cualquiera diría que fue una elección equivocada pues el marido era un verdadero monstruo, resulto ser brutal, mujeriego y de temperamento agresivo. Ese hombre llegó a ser el terror de sus vecinos y principalmente de su hogar.
 Rita soportó día a día el mal genio de su esposo durante 18 años, y todo con la más exquisita paciencia, sin quejarse, sin recurrir a las autoridades para que lo sancionaran, todas estas cosas las soportaba y las ofrecía por la conversión de los pecadores y en especial de su esposo mal geniado.
Lo más grave de todo, es que sus dos hijos también heredaron el genio terrorífico de su padre. Rita sufría profundamente y no hacía otra cosa que llorar y encomendarlos en sus oraciones.
Pero como dicen: “La paciencia todo lo alcanza” y como Dios es un Dios de promesas y cumple su palabra, en Rita se hizo realidad lo que dijo Jesús: “Todo el que pide recibe. Todo lo que pidan al Padre en mi nombre, lo conseguirán”. Todas las súplicas de Rita fueron respondidas con la conversión de su esposo, que antes de morir pidió perdón a Rita por todo lo que le había hecho padecer, poco tiempo después murieron sus dos hijos; y ellos en la hora de su muerte también se convirtieron, luego Rita se hizo religiosa… pero bueno ese ya es otro cuento, quería que conocieras la vida de esta Santa mujer como muestra de que los imposibles si pueden darse en nuestra vida, en tu caso en el matrimonio, Rita no pudo escoger a su marido porque lo escogieron por ella, y ¡vaya maridito el que le toco! Toda una joyita; pero a través de él fue que ella alcanzó su santidad pues cultivo el fruto de la paciencia. Tú tuviste la oportunidad de escoger a tu esposo, y lo hiciste; sí es muy cierto que caras vemos corazones no sabemos pero fue el que tú escogiste, es preciso entonces preguntarse ¿Por qué Dios lo coloco a mi lado? ¿Por qué él y no otro? Tal vez sea porque tú debes aprender algo estando a su lado y él tenga que aprender de ti muchas cosas. También sabemos que Dios dispone todas las cosas para el bien de quienes le aman”. En la práctica del Amor es preciso olvidarse de si mismo y comenzar a dar, tal vez no recibas en el momento pero ese gesto de amor no se perderá ni quedará sin recompensa, pues el amor es como la energía no se crea ni se destruye solo se transforma.      

9 de enero de 2011

¿Prueba de resistencia o prueba de Amor?

(Leer antes Capítulo 1 del libro de Job)

Job era un hombre justo y honrado, religioso y apartado del mal, a pesar de que no era israelita era un hombre temeroso de Dios. Job vivía en Us una ciudad que se cree se encontraba en la región de Edom, es decir que Job era descendiente de los edomitas los cuales eran enemigos de Israel. Los Edomitas eran de la tribu de Esaú y su enemistad con el pueblo de Israel se debía a que Jacob (quién fue llamado luego Israel) le robó la bendición a Esaú, bendición que le correspondía a Esaú por ser primogénito. Nos encontramos entonces ante una historia en la cuál Dios se vale de un extranjero y enemigo; Job, para enfrentar las convicciones arraigadas de los Israelitas.
Sin duda alguna la práctica del justo Job era agradable a Dios, me impresiona el hecho de que Dios estaba seguro de lo que era Job por eso se permite decir a Satán: ”Haz lo que quieras con sus cosas…” he allí cuando comienza el sufrimiento de Job al perder todo lo que tenía, casa, hijos, animales e inclusive su salud. Dios conoce el corazón desinteresado de Job por eso permite que Satán toque las cosas de este buen hombre, sin embargo cuida de el al decir: “pero a el no lo toques…”    ciertamente esta situación pudiera parecernos un poco injusta pues lo que está en juego es la vida de un hombre, se torna pues un ambiente de apuesta donde Dios apuesta por un hombre confiado en la lealtad de su corazón y por otro lado Satán se aferra a la desconfianza y a la infidelidad que caracteriza al hombre y da por hecha su victoria. Toda la hipótesis de Satán se viene abajo con las palabras pronunciadas por Job al decir: “El Señor me lo dio, el Señor me lo quitó: ¡Bendito sea el nombre del Señor!”
Heroicas y valientes palabras realmente como diría un buen amigo mío este hombre era un Guerrero, ¿Quién en su sano juicio pasando por todas estas tribulaciones al menos una vez no eleva una queja a Dios en lugar de una alabanza?, no niego que haya sus excepciones pero en la gran mayoría de nosotros es muy común escuchar ¿Por qué a mí? Las cosas no tienen el mismo sabor cuando están revueltas, que difícil se hace identificar lo dulce en las situaciones amargas de nuestra vida y más aún abrir nuestros labios para reconocer que todo lo que tenemos se lo debemos a Dios, reconocer que toda buena dádiva desciende de lo alto y así como se nos ha dado ¿por qué no nos podría ser quitada? Dios conocía el corazón y los sentimientos de Job para con Él, Dios no necesitaba probar a Job sin embargo permite que sobrevenga la prueba y esta confiado y tranquilo por la pureza que hay en el corazón de aquel justo llamado Job. Ahora también Dios conoce nuestro corazón y pudiéramos pensar en lo que Él desea escuchar de nuestros labios en esos momentos de prueba, ¿son entonces nuestros sufrimientos una prueba de resistencia o más bien una prueba de Amor a Dios?  La respuesta está en tus labios y recuerda que antes de ser pronunciada ya Dios la ha visto en tu corazón.   

By: Johanna A. Jaimes P.

8 de enero de 2011

La Iguana

Regresaba ese día de mí acostumbrado almuerzo al Laboratorio y cual sería mi sorpresa que al abrir la puerta encontré que parte del techo; que es de cielo raso; estaba en el suelo, pregunté: ¿Qué sucedió? Pero nadie sabía lo que había ocurrido, bueno como ninguno de los que trabajamos allí  estaba al tanto de lo sucedido no le dimos importancia al asunto y cada uno siguió en sus labores, pero al finalizar la tarde mientras ordenaba unas cosas me tope con que teníamos un inquilino en el Laboratorio, era una ¡Iguana!, al parecer ella estaba viviendo en nuestro techo desde hace tiempo y bueno ese día decidió bajar a visitar, inmediatamente se formó todo un barullo por la presencia de nuestra  nueva vecina, unos decían móntala de nuevo en su techo y otros que era mejor liberarla en un lugar acorde para ella, siendo esta última la opción ganadora.        Después de lo sucedido surge una pregunta ¿Qué rayos hace una Iguana en el techo del Laboratorio? Pudiera pensarse que la pobre andaba en busca de comida, si así fuese creo que buscaba en el lugar menos indicado pues dudo que en una empresa fabricante de plástico pudiese encontrar algo nutritivo; pues las iguanas son vegetarianas, otra opción sería que tal vez buscaba un lugar donde vivir pero tengo entendido que estos animales son arborícolas, otras acuáticas y otras terrestres, por esta razón se puede decir que el Laboratorio no era el mejor hábitat para ella. Hay una última razón que podría ser la más valedera y a la cuál quiero llegar con toda esta historia, tal vez la Iguana estaba “acostumbrada” a vivir en ese lugar, ¡sí! es posible que ella se sintiera segura allí aunque ese no era su hábitat y la falsa seguridad no la dejara ver más allá, y no se daba cuenta que tal vez existía un mejor lugar donde vivir.
         Sucede pues que muy a menudo somos como la Iguana del Laboratorio, nos acostumbramos tanto a los lugares, a las cosas, a las personas, a una rutina, al trabajo, a que nos maltraten o a maltratar, a no ser amados ni amar, es tanta  a veces la costumbre que somos incapaces de buscar un mejor trabajo pues nos preguntamos ¿Y si me va mal? Mejor es tener mi sueldo seguro, o tal vez eres de los que continuas casado(a) no por Amor sino simplemente para no estar solo(a) o para tener estabilidad económica, sentirte seguro, o de los que dicen yo nací pobre y así me moriré ¿Para que superarme ya los ricos están completos? Simplemente eres de los que se niegan a ver más allá pues con el aquí y el ahora están seguros y eso es lo que cuenta y si existe algo mejor eso no es para mí, amarran su mirada a una costumbre absurda y no miran al horizonte a ver si existe un hábitat mucho mejor que al que están acostumbrados.
         Somos reacios a los cambios, nos da terror pensar en hacer algo nuevo con nuestra vida,  nos la pasamos haciendo planes para que todo nos salga perfecto y así sentirnos seguros y cuando las cosas no nos salen bien nos desanimamos y dejamos de intentarlo, no hacemos ningún esfuerzo.
         Es muy cierto que debemos ser agradecidos con Dios por las cosas que tenemos, pero nunca dejemos de luchar y mucho menos dejemos que la costumbre y la rutina sombreen nuestra vida, no dejemos que una falsa seguridad nos haga ser como Iguanas de Laboratorio sin aspiraciones y viviendo una vida que pudiese ser mejor.

“Yo soy quién te manda que tengas valor y firmeza. No tengas miedo ni te desanimes porque yo, tu Señor y Dios, estaré contigo dondequiera que vayas.” Jos 1, 9
By: Johanna A. Jaimes P.

6 de enero de 2011

El Fariechòn y el Publiciento

(Para esta historia sugiero leer Lc 18, 9-14)

En aquel tiempo, dos hombres subieron a orar al templo. Uno fariechón de pura cepa; el otro, un publiciento más, servidor de los Romanos.

El fariechón, erguido, conocedor de la ley, formal y fiel practicante de las tradiciones, todo un modelo a seguir, oraba en su interior pero era tan grande su ego que su grandeza se exteriorizaba y decía: ¡Oh Dios!, te doy gracias, porque no soy como los demás: no soy ladrón, no soy injusto, no soy corrupto, no soy infiel, ni mucho menos adultero, yo sería incapaz de dañar a alguien, yo no bebo, ni fumo, yo me levanto bien temprano a orar y a leer tu palabra, si alguien hace algo malo yo lo corrijo y le digo por donde debe ir, yo soy más humilde que Teresa de Cálcuta, siempre que me piden colaboración yo soy el que más aporta; en fin Padre soy todo un modelo de santidad, solo me falta la canonización. ¡Señor! sobretodo te doy gracias porque yo no soy como ese publiciento arrastrado y pecador.

Después de haber hecho esta oración el fariechón mínimo debió haber necesitado de un alfiler para poder desinflarse y bajar al suelo, digo por lo elevado que estaba.

Por otro lado allá a lo lejos, al final del templo se encontraba el publiciento, haciendo el menor ruido posible para pasar desapercibido, no se atrevía siquiera a levantar los ojos, era de esperarse esta actitud de su parte ya que los publicientos eran recaudadores de impuestos al servicio de Roma, se enriquecían a costa de la población, por eso no podía mirar al cielo; eran como aves de rapiña a la espera de una presa; sin embargo en este hombre había un toque distinto, estaba allí con cabeza gacha y golpeaba su pecho y decía: ¡Oh Dios!, ten compasión de mí que soy un pecador, aunque el hombre no pronuncio otras palabras imagino que por su mente pasaron todas aquellas injusticias y atropellos que había cometido para con los demás, su falta de amor a Dios y al prójimo, las veces en las que fue deshonesto en su trabajo, los insultos que pudo haber dicho en un momento de ira, las veces que envidio la suerte de los demàs y hasta la mujer de su amigo ¿porque no?, las mentiras dichas para salvar el pellejo, en fin todos los defectos que te puedas imaginar, si esos que vemos facilito en los demás y que cuando nos vemos nosotros no aparecen.

Allí delante de Dios encontraban dos corazones, uno altivo y elevado, otro miserable y arrepentido. Les digo que este último bajó a su casa justificado y el primero no. Porque todo el que se engrandece será humillado, y el que se humilla será engrandecido.

Dos imágenes delante de Dios, una de vida “perfecta”  y la otra de tendencia pecadora, la primera viene comandada por la acción del hombre y sus ínfulas de querer ser intachable ante Dios y en la segunda no es el hombre quién protagoniza sino la acción misericordiosa de Dios quién acoge en su templo a todo aquel que humilla su corazón. Seamos pues humildes en nuestra oración y presentemos a Dios nuestras vidas tal cual son.

4 de enero de 2011

La oruga que quería alas

Dos orugas vivían con su padre bajo la sombra de una retama. Las oruguitas trabajaban duramente para ganarse la vida, pero una de ellas la menor anhelaba tener alas para poder viajar al país de las mariposas.
El Papá oruga le decía: no te angusties, ya pronto llegará el día en que lo que sueñas se haga realidad.
Pasado el tiempo la oruga mayor obtuvo sus alas y fue a mostrárselas a la oruga menor, esta le preguntó: ¿cómo es que las has obtenido?
La oruga mayor le susurro al oído ha sido nuestro padre quien me ha dado el secreto. Y dicho esto voló lejos de allí.
La oruga menor sintió mucha indignación pues su padre había sido injusto, por darle alas sólo a su hermana y a ella no.
Fue entonces delante de su padre y le dijo: exijo que me des un par de alas a mí pues yo también soy tu hija. No puedo querida hija porque lo que anhelas esta dentro de ti.
La oruguita le pareció una burla aquellas palabras de su padre pues como era posible que le dijera que lo que ella tanto quería que eran sus alas estaban dentro de ella.  Lloró pues amargamente.
Y al día siguiente decidió marcharse. Y le dijo a su padre: si tú no me puedes dar lo que quiero entonces saldré a buscarlo. Y así fue como la oruga menor emprendió la búsqueda.
Anduvo viajando de lugar en lugar ponía su mejor esfuerzo cada día en esa búsqueda; no se rendía pero todo parecía en vano, pues nadie era capaz de darle unas alas.  Se encontraba exhausta y derrotada.  De pronto una voz conocida le dirigió la palabra:

- ¡Hermana! ¿Qué haces por aquí? Era  la oruga mayor.

-  Respondió con voz refunfuñona; la oruga menor: vine a buscar mis alas.

- Pero no te dije que ha sido nuestro padre quien me las ha dado dijo pues la oruga mayor. Ve y pídele tú el secreto.

- Ya me lo ha dicho pero sinceramente creo que se burla de mí, dijo la oruguita menor toda decepcionada.

- La oruga mayor tocándole el hombro le dice: debes escuchar lo que el té dice pues Él siempre tiene razón y dicho esto voló nuevamente.

La oruguita continuó su camino pensando en aquellas palabras que había dicho su padre, pero le parecían absurdas, ¿era posible que las alas que ella tanto anhelaba estuviesen dentro de ella?
Cayó pues la noche y la oruga sintió frío, un frío que helaba la piel y sentía que ya ese era su fin. Esa noche deseo tanto tener sus alas que lloró y lloró incansablemente.
Fue cubriéndose del frío con una especie de seda que había fabricado, entonces pensó para si misma ya todo esta perdido me envolveré en mi misma y moriré sin remedio.

Pasaron pues 20 días y la oruga parecía estar muerta dentro de su capullo, ya hacía ella en un letargo casi inerte, lo que ella no sabía es que esa etapa de muerte era necesaria para lo que vendría a continuación.
Al finalizar el atardecer del día 20 la oruga sintió deseos de salir de su letargo y rompiendo el capullo;  cual fue su gran sorpresa que se había convertido en bella mariposa, las alas que tanto había deseado siempre habían estado con ella y en ese sueño de muerte emergieron para transformarla en tan hermosa creatura.

Había alcanzado por fin la oruga su sueño de tener alas y así aquella noche voló y no sintió miedo jamás porque recordó las palabras de su padre que le decía: “lo que anhelas esta dentro de ti” supo entonces que todo lo que quería lo lograría si buscaba dentro de si misma.

En la vida a veces somos como la oruga menor, siempre en una constante búsqueda que nos parece interminable y que no nos lleva a ningún lado y en ese caminar  dejamos de lado la voz de Dios, la voz del Padre que nos ama; y entonces empezamos a andar solos, por nuestra cuenta, pensando que haciendo las cosas por nuestros propios medios obtendremos lo que tanto anhelamos, pensamos que es injusto que a otros les lleguen tan fácil las cosas y a nosotros no,  y hoy te recuerdo que lamentablemente sin Dios nada somos y traigo ante ti estas palabras que son una promesa para todo aquel que se deleita y sigue los consejos del Padre:

Deléitate en el Señor, y el concederá los deseos de tu corazón.”

No dejemos pues de lado la voz del Padre, antes bien deleitémonos en Él y en su palabra que de seguro el se encarga de construir aquello que anhelamos. Antes de aventurarte a andar solo piensa mejor que de la mano del Padre vamos en la dirección correcta.