21 de marzo de 2013

Montaña imponente

Montaña imponente que te erijes sin estimar espacio, sin escatimar altura. Parece que tocas el cielo. Difícil es llegar a ti desde aquí. Por fuera te ves hermosa, el sol radiante parece besarte. Me pregunto que llevas por dentro, tú soledad es inminente, aunque muchos son los que te miran. Mis ojos tuvieron la osadía de mirarte y perderse en tú majestuosidad. Bebieron de tú intelecto hasta saciar y aún siguen sedientos. Lejos de ti mi corazón. En ruinas parece estar. Te miro desde aquí montaña imponente y sonrió al sentir sobre mis mejillas la brisa suave que brota de ti.

19 de marzo de 2013

Duelo

Ella: Miro desde la ventana hacia el pasado, estuve allí y no te vi, aunque mirándote estaba. Muchos encuentros donde no te veía. Ausencia de ti en muchos presentes, luego apareces en este momento finito con una sonrisa de niño, con una mirada que siento que me toca. Lloro porque quedo extasiada en esa mirada perdida, que sueña un imposible que también yo sueño. Lloro porque tuve tiempo de verte en el pasado y no te vi, o más bien con estos ojos no te veía. Lloro porque quiero un abrazo que dure más tiempo y no un simple momento que se vuelve eterno en mi mente. Lloro porque aún cuando el pasado haya pasado y el futuro todavía no llega, aún en este finito presente, ya mis ojos han llegado tarde. Lloro porque deseo tocarte y no debo. Lloro porque deseo besar tú boca y no debo. Lloro porque deseo pensarte y no debo. Lloro porque pudo ser desde el pasado pero llegué tarde. Lloro porque ahora te veo en este finito presente pero no debo mirarte. Llegué tarde. El: Una lágrima se escapa, Furtiva baja por mi mejilla... Se escapa por la finitud del presente, se escapa porque conoce cuanto me arden los labios que se han desgastado infinitas veces en el finito presente de mis deseos. Se escapa de entre mis manos que te conocen más que a su propia palma, aunque jamás te han tocado como desean. Se escapa, al fin, porque contenerse no puede y resistirse no sabe...

11 de marzo de 2013

Quiero salir en tu libro

Me encontraba disfrutando de una amena lectura en el chinchorro de la casa y de repente se me vino una gran idea, bueno realmente se trata de una petición. Resulta que el libro que estaba leyendo fue escrito por un sacerdote amigo mío, mientras más iba leyéndolo mi interés por su lectura se acrecentaba y lo que me gustaba de el, es que sus reflexiones hacían mención de la vida cotidiana, de gente como tu y como yo. Viendo que Dios habla a los sencillos con palabras e historias sencillas, que inclusive los protagonistas son reales y los que no, también son reales para la mente del autor, son gente con nombre y apellido como nosotros, pensé entonces, en hacer al Padrecito, amigo mío, la petición: ¡Padre, quiero salir en tu libro!. Inmediatamente como cosa mágica, me vino su rostro a la mente, y me respondió: - ¿Qué tú quieres que cosa? - Bueno, que yo quiero salir en tu libro. Expresé nuevamente. Como era muy chistoso, respondió: - ¡No vale!, si los que salen son los muertos. Insistí una vez más: - Te hablo en serio chico, me gustaría salir en tu libro, es decir que aparezca mi nombre en algún lado. El Padrecito, con una sonrisa en los labios, me dice: - ¡Ah!, entonces tú lo que quieres, no es salir en mi libro sino pantallar (*) de que sales en el. Y pensándolo bien, porque no haces algo mejor, escribe tu propio libro y así sale tu nombre como: autor. ¿No te parece? Me eché a reír por las ocurrencias del Padrecito, le digo así por cariño, no vayan a pensar que es por su pequeña estatura. Lo cierto es que estaba soñando despierta, era solo un sueño, pero como dicen por allí soñar no cuesta nada. Además el sueño trajo algo interesante, porque recordé un pasaje bíblico, del Evangelio de Lucas, donde se narra que en una oportunidad estando Jesús con sus discípulos, estos regresaban de una larga jornada de trabajo evangelizador; y contentos comentaban: “Señor, en tu nombre hasta los demonios se nos sometían” Lc 10, 17. Dijeron esto porque imagino que ellos estaban muy emocionados por haber cumplido el encargo de Jesús y además por el efecto que el mensaje del evangelio había causado en el pueblo. Menos mal que estos discípulos no eran pantalleros, no querían figurar y eso lo demuestran cuando reconocen que todo lo que han hecho, ha sido en el nombre del Señor. Continuando con el relato, para que entiendas mejor a donde quiero llegar, “Jesús, les respondió: Miren les he dado poder para pisotear serpientes y escorpiones y para vencer toda la fuerza del enemigo, y nada los dañará. Con todo, no se alegren de que los espíritus se les sometan, sino de que sus nombres están escritos en el cielo”. Lc 10, 19-20. Fíjense, quiero hacer énfasis es esta última parte: “sus nombres están escritos en el cielo”, eso debe ser motivo de alegría, lo enfatizo a propósito, por aquello de que yo quería que mi nombre, mi historia, saliera en el libro del Padrecito. A veces estamos tan afanados por querer figurar en todo, no solo en el libro del padre, sino también en el trabajo, en la escuela, universidad, en la Iglesia, en el deporte, en la música, en todos lados queremos ser reconocidos y que nuestro nombre aparezca en GRANDE y si se puede con luces de Neón. Hoy en la lectura bíblica que les compartía, se nos hacen ver tres cosas importantes: 1º Nosotros no podemos hacer nada sin Dios. Por eso los discípulos reconocen que todo lo que han hecho, ha sido en el nombre del Señor, Jesús. 2º No se alegren de esas cosas, es decir no hagamos alarde de lo que hemos hecho. Hay cosas todavía más importantes por las que estar alegres. Recordemos las palabras de Jesús: “El que de ustedes quiera ser el más importante que se haga el servidor de todos” Mt 20,26. 3º Llénense de gozo y alegría porque sus nombres ya están escritos en el cielo. No importa si tu nombre no sale en el libro del Padrecito o en ningún otro titular, lo realmente importante es que con tus buenas acciones, con tu sonrisa, con tu abrazo de apoyo, con tu servicio desinteresado por los demás, con tu cortesía y respeto por el otro, con tu honestidad y trabajo, has ayudado a que el efecto del Evangelio vivido, fermente el mundo y a los que te rodean, y eso haya traído como consecuencia que tu nombre ya ha sido escrito en el libro de Dios, en el cielo. Y si no has hecho nada de lo que mencione, entonces ¿Qué esperas?, comienza desde hoy ha escribir en ese libro de la vida tus buenas acciones. Y así tu nombre saldrá como el Autor. ¿No te parece? (*)Pantallar: vocablo venezolano que significa alardear, fanfarronear, aparentar.