23 de marzo de 2015

Enfermedad del alma 09.02.15

Lectura del santo evangelio según san Marcos (6,53-56): En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos, terminada la travesía, tocaron tierra en Genesaret y atracaron. Apenas desembarcados, algunos lo reconocieron y se pusieron a recorrer toda la comarca; cuando se enteraba la gente dónde estaba Jesús, le llevaban los enfermos en camillas. En la aldea o pueblo o caserío donde llegaba, colocaban a los enfermos en la plaza y le rogaban que les dejase tocar al menos el borde de su manto; y los que lo tocaban se ponían sanos. Reflexión: Al leer este texto se va la actividad dinámica de Jesús, nunca estaba quieto en un solo lugar, siempre andaba de un lado a otro, sin dejar por fuera ningún lugar, era imperante la necesidad de ir a esos lugares donde la gente lo necesitaba. En esta semana donde se celebra la Jornada mundial de oración por los enfermos, se nos presenta a un Jesús sanador, pienso para mí, él también era de profesión médico además de carpintero, muchas personas fueron sanadas físicamente y también él es médico del alma. Pensemos ahora ¿De qué enfermedades estoy padeciendo en estos momentos?, ¿Qué dolencias físicas tengo?¿Qué cargas emocionales no me dejan dormir y me mantienen inquieto?, ¿Tengo alguna preocupación que no le consigo solución?, ¿Siento oprimido el corazón y la depresión me envuelve hasta el punto de no sentir felicidad por iniciar un nuevo día?, ¿Siento que el mundo se me viene encima y las dolencias abundan por doquier?. Si algo de esto que pregunte tiene que ver contigo, entonces tú eres un candidato para ir al encuentro con Jesús sanador, no acercártele por el interés de ser sanado sino que la fe en él te lleve a la sanación. Si tu dolencia es física puede que sea producto de cargas emocionales, en estos días conversaba con un amigo que está estudiando una rama de la psicología y me comentaba que muchas de las enfermedades estomacales, de la piel, musculares entre otras, tienen que ver mucho con esas cargas emocionales que no queremos soltar, por eso Jesús además de sanar las dolencias físicas sana también las del alma, esto me hace recordar las tantas veces que Jesús les decía a los enfermos: ¡Levántate!, ¡vete y no peque más! , Él sabía que lo importante no era solo la carne sino también lo que viene de dentro, por eso su interés en perdonar los pecados porque es la única manera de sanar y ayudar a curar el alma de las heridas emocionales que podamos estar padeciendo en este momento. “Señor, me presento hoy ante ti, como un enfermo con dolencias físicas y emocionales que no me dan descanso y me agotan, inclusive cambian mi estado de ánimo, me hacen ser más obstinado, impaciente e inclusive agresivo con los de mi entorno, porque en mi eterno buscar alivio descargo en los demás lo que llevo dentro, no quiero seguir en esto, por eso vengo ante ti como los enfermos que buscaban tan solo tocar tu manto, ten a bien Jesús, poner tu mano sanadora sobre mí, y sacarme del dolor que me aqueja y que incluso se ha añejado tanto y ha calado tan dentro que parece una uña encarnada que se ha adherido fuertemente y duele en todo momento. Sé tú como esa herramienta que se usa para sacar lo podrido, separar la carne de la uña y dar alivio, y en aquellos casos donde tu voluntad sea hacernos pasar por esa prueba de la enfermedad podamos aceptar humildemente tu voluntad y ofrecer a ti nuestro padecer y así entender un pequeñísimo momento tu sufrimiento en la cruz y acompañarte desde allí. Señor, se de todas, todas nuestro médico sanador.” Amén.

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