19 de septiembre de 2014

Tú sirves para algo 16.09.14

Lectura: 1 Corintios: 12, 12-14. 27-31 Ustedes son el cuerpo de Cristo y cada uno es miembro de él. Hermanos: Así como el cuerpo es uno y tiene muchos miembros y todos ellos, a pesar de ser muchos, forman un solo cuerpo, así también es Cristo. Porque todos nosotros, seamos judíos o no judíos, esclavos o libres, hemos sido bautizados en un mismo Espíritu, para formar un solo cuerpo, y a todos se nos ha dado a beber del mismo Espíritu. El cuerpo no se compone de un solo miembro, sino de muchos. Pues bien, ustedes son el cuerpo de Cristo y cada uno es miembro de él. En la Iglesia, Dios ha puesto en primer lugar a los apóstoles; en segundo lugar, a los profetas; en tercer lugar, a los maestros; luego, a los que hacen milagros, a los que tienen el don de curar a los enfermos, a los que ayudan, a los que administran, a los que tienen el don de lenguas y el de interpretarlas. ¿Acaso son todos apóstoles? ¿Son todos profetas? ¿Son todos maestros? ¿Hacen todos milagros? ¿Tienen todos el don de curar? ¿Tienen todos el don de lenguas y todos las interpretan? Aspiren a los dones de Dios más excelentes. Reflexión: Hace algún tiempo escuche una frase que me gusto y me la quede: “No todos servimos para todo pero todos servimos para algo”. Tengo un amigo que siempre que habla conmigo sobre mi trabajo dice: “Y pensar cuantas manos debe pasar un producto antes de llegar al consumidor”. Trabajo en una empresa manufacturera de alimentos, y ciertamente son muchas las cosas que pasan para lograrlo. Desde el que piensa en la idea de desarrollarlo hasta el que te lo despacha en la bodega o supermercado. Sacar a la venta algo nuevo es producto del esfuerzo de mucha gente y de las habilidades que cada uno de ellos tiene, el de mercadeo que hace el estudio del mercado, el investigador que desarrolla la fórmula del producto, el analista de panel que realiza el estudio con el consumidor para validar su preferencia por él, el especialista de empaque que busca la mejor opción de empaque para preservar y contenerlo, el comprador que busca los mejores precios de los insumos y materias primas, el de ingeniería que evalúa la tecnología y maquinaria para su fabricación, el de mantenimiento que vela por el funcionamiento correcto de las máquinas, el de producción que dedica horas de trabajo para materializar la idea en rico y sabroso alimento, el de calidad que chequea que todo cumpla con los más altos estándares de calidad, el de almacén que guarda, almacena y preserva el producto para su despacho, el de logística que coordina la ruta donde será enviado, el vendedor que hace el negocio con el cliente, el transportista que lleva el producto a los distribuidores, el almacenista que los recibe en el establecimiento comercial, el anaquelista que los coloca en los anaqueles, el cajero que cobra, el carruchero que lleva las bolsas, y finalmente ya en casa la cocinera o cocinero que prepara la rica comida con ese producto. Estoy segura que hay muchas otras más personas que intervienen en este proceso pero lo importante aquí es reconocer que si alguna de estas personas dejase de cumplir con su trabajo, se rompe la cadena y se hace cuesta arriba obtener el resultado final. En la vida de Fe sucede algo muy parecido, y San Pablo lo ilustra perfectamente con la armonía que debe tener el cuerpo y los miembros que lo conforman, todos son importantes hasta el más insignificante de ellos, y si eres de los que piensa que hay alguna parte de ti que no lo es, te pongo un ejemplo: En estos días atrás tenía una uña del dedo del pie enterrada, lo que comúnmente se conoce como uñero, no le preste atención al principio pero al pasar los días me di cuenta que ya se me dificultaba caminar y tuve que buscar ayuda para sacármelo y aún después me siguió doliendo y aunque quería estar tranquila, el dolorcito me incomodaba. En la Iglesia, así sucede, muchos son sus miembros y el actuar articulado de cada uno de ellos hace que todo avance y fluya como el proceso de fabricación de un producto, pero basta que alguien se enoje o se empiece a sentir mal, o hayan chismes, intrigas, menosprecios, exclusiones, pretensiones o cualquier actitud de esas que sabemos no son tan cristianas pero que en una comunidad pueden tener cabida, para que todo empiece a descontrolarse o a incomodar como el uñero en el pie. Si formamos parte de un todo, lo ideal es que trabajemos para que ese todo funcione, no quitándole la responsabilidad al otro para figurar, sino aportando nuestro granito de arena en lo que somos buenos. Si eres buen lector, entonces lee la Palabra de Dios, si eres músico, canta, toca para Dios, si eres bueno expresándote entonces predica, si eres bueno en la logística entonces coordina y no seas obstáculo en el camino hacia Cristo para otros, si eres bueno enseñando, da de lo que sabes, si te gusta la acción social, ayuda a los pobres, si no te gusta hablar y eres tímido pues dedícate a orar por los demás, cada uno tiene un don y ese don debe estar al servicio del Reino de Dios, no seas miembro flojo que desarticula y desarmoniza el Cuerpo perfecto de Cristo, lo que sea que seas bueno hazlo y también deja que los otros hagan su trabajo, no seas ni freno, ni obstáculo en la vida de fe de tu hermano, sino que al contrario se acelerador y ayuda idónea para el otro, y de esa manera siempre tendremos un cliente (comunidad) satisfecho con un producto (servicio) de calidad , y lo mejor de todo tendremos al jefe (Cristo) contento con nuestros resultados. Feliz día, Haz pero también deja hacer.

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